El arte rupestre paleolítico es, en su magnitud temporal, la creación cultural más extensa de las realizadas por el hombre. Sus 25.000 años de existencia, que implicaron a cientos de generaciones, la diferencian de cualquier otra manifestación cultural de carácter histórico.

Las específicas características del mundo subterráneo, escasamente frecuentado y con unas condiciones ambientales muy estables, han favorecido la preservación a lo largo de miles de años de las pinturas y grabados realizados en las paredes de las cuevas. Es este un medio extremadamente sensible a los cambios y por ello requiere de una especial atención a su conservación.

Asturias es una de las regiones con mayor número de manifestaciones de arte paleolítico de la península ibérica, abarcando el 30% del total. Ese territorio, que ocupa el 0,10% de la superficie total europea, concentra el 14% del arte rupestre de dicho continente.

La importancia del patrimonio prehistórico asturiano se muestra al público en un selecto grupo de seis cuevas, que resume bien las características del conjunto. Tres de estas cuevas abiertas al público forman parte, además, de la lista de Patrimonio Mundial de la UNESCO.

 

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